No voy a hablar de religión, no os vayáis. Vengo a hacer una confesión. Una confesión de un delito. Sé que Dios lee este blog (porque Dios está en todas partes, no lo olvidéis) y sé que lo va a entender y no se va a enfadar, pero es que...
Yo también he robado cintas en el Pilar.
Ala, ya lo he dicho.
Resulta que en la Basílica del Pilar (en la preciosa ciudad de Zaragoza que todos tendríais que visitar al menos una vez en la vida, como la Meca para los musulmanes) venden unas cintas de unos 40cm. (la altura de la virgen) que lleva un grabado y tal. Esas cintas están en un expositor en una salita de la basílica. Hay de todos los colores (menos del que vayas a buscar tú. Ya sabéis como es Murphy y sus leyes. El color que quieras, el día que vayas, no estará) y valen un euro. Bueno, a ver. Aunque en la foto que he encontrado ponga "Unidad: 1€" cuando yo era pequeño no era así (lo juro. Ha sido Murphy otra vez, que no me ha dejado encontrar la foto). Entonces ponía "La voluntad: 1 €". Lo recuerdo porque me hacía mucha gracia que le pusieran precio a mi voluntad. O la voluntad, o un euro, que se aclaren. La cuestión es que mi voluntad era gratuita. No había vez que no fuera y no robara una. Bueno, robar... Coger a cambio de mi voluntad.
No es que sea un robo muy valioso, era lo tristemente guay que me sentía yo con mis amigos por hacerlo.
Pero no es que yo o mis amigos fueramos mala gente, no, es que el 99% de los jóvenes de Zaragoza hemos robado alguna vez una de esas cintas.
El otro 1% es que son monaguillos y claro... queda mal.
